AFAE, Asociación de Familiares de Personas con Alzheimer de Elche.

Esta mañana he tenido el placer de participar como invitado del ” I Concurso de Tapa AFAE ” en AFAE, Asociación de Familiares de Personas con Alzheimer de Elche

Durante toda la mañana he podido compartir con los afectados de Alzheimer y profesionales de esta magnífica asociación que desarrolla su labor en Elche.

Dentro de su ” Semana Gastronómica “, cuatro grupos de usuarios han realizado diversas tapas.
Para acompañar la degustación he impartido un taller de sangrías sin alcohol.

Al finalizar hemos tenido un concurso para premiar a la mejor tapa y con este acto ha dado por finalizada esta enriquecedora jornada.

¡ Ha sido un placer poder colaborar con esta asociación !

COMO EL AZUCAR, EL ALCOHOL Y LA CARNE NOS AYUDARON A PASAR DE HOMINIDOS A HUMANOS (III)

Homo tuetanus

Por último y no menos interesante, encuentro el consumo de carne ocasional como aporte de proteínas fundamentales en la evolución del cerebro humano desde nuestros antecesores a nuestros días propiciando probablemente su consumo el salto evolutivo hacia la llamada “inteligencia” del ser humano.

Recomiendo para mayor ilustración el libro de Juan Luis Arsuaga (uno de los principales antropólogos responsables del yacimiento de Atapuerca) “Los Aborígenes : La alimentación en la evolución humana” cuyo resumen es que los antecesores humanos a lo que hoy sería el homo sapiens, han tenido que sobrevivir a grandes periodos de sequías o glaciaciones, donde su tradicional alimentación frugívora/herbívora no pudo sustentarse por los extremos climáticos de esas circunstancias temporales. Sapiens para sobrevivir hubo de hacerse carroñero ocasional para complementar su dieta. Estas nuevas proteínas proporcionaron un cerebro mas inteligente y además hubo de desarrollar nuevas herramientas y habilidades para conseguir esa escasa pero muy nutritiva carne en descomposición.

Si añadimos todavía más dureza a estas sequías y eliminamos incluso la carroña de la disponibilidad alimentaria en algunos momentos de la historia, no nos queda más que el interior del hueso, el tuétano, al que el ser humano solo podía acceder mediante habilidades en el manejo de herramientas de rotura de huesos para obtener su preciado contenido , (a diferencia de buitres y hienas que tienen en su genética dientes y picos capaces de triturar un fémur) lleno de sustancias nutricias de primer nivel, y si no que se lo pregunten a los chefs de hoy en día, la mayoría adoradores ( y con razón) de las posibilidades gastronómicas del interior de los huesos.

La posibilidad de supervivencia de estos grupos y sus habilidades desarrolladas, les permitió un salto evolutivo que nos trajo hasta hoy. Si bien no toda la comunidad científica está de acuerdo con este extremo. Podemos ver parte del debate aquí.

Azúcar, alcohol y carne.

Antes un triunvirato ganador y hoy una trinidad mortal para la mayoría de seres humanos.

¿Dónde tenemos la diferencia?

Pues evidentemente en las pautas de consumo.

El azúcar que consumían nuestros antepasados era exclusivamente el de la fruta (y ocasionalmente el de la miel), el alcohol era también puntual, sobre todo si no era fabricado, sino un producto de la fermentación natural de frutas; y el consumo de carne, también  era ocasional pues el esfuerzo calórico para obtener dicha proteína, era frecuentemente superior al de su consumo, de modo que las comunidades de homínidos se contentaban con su consumo cuando encontraban carroñas o presas fáciles.

No es hasta mucho más tarde (cientos de miles de años más tarde), que nos convertimos en organizaciones capaces de refinar azúcares mortales en un alto grado de consumo, cultivar carne a voluntad a pesar de los peligros de su gran consumo en nuestro organismo (amén de su altísima huella ecológica) y de producir alcohol en gran escala así como convertir su consumo adictivo en uno de los factores de riesgo más altos en la salud de las poblaciones.

Pasamos de edificar nuestro futuro como especie en parte por el consumo de esas sustancias, a fracasar como individuos pues nuestra sostenibilidad a medio plazo está más que comprometida.

¿Especie inteligente?

Según para que.

 

COMO EL AZUCAR, EL ALCOHOL Y LA CARNE NOS AYUDARON A PASAR DE HOMINIDOS A HUMANOS (II)

Homo Fermentus

El segundo salto evolutivo, y que nos permite un salto diferenciador frente al resto de animales (mamíferos y aves principalmente) también adictos a la fructosa, es el dominio (intuitivo cuando éramos simples primates y dominado cuando nos ponemos la etiqueta de “sapiens” ) del consumo de Alcohol.

Toda esta teoría documentada de civilizaciones humanas en contacto con el alcohol, se encadena con el trabajo de Robert Dudley “The Drunken Monkey: Why We Drink and Abuse Alcohol” según el cual algunos primates desarrollaron un especial gusto por aquellas frutas que , caídas del árbol sobremaduras (es decir, con un alto contenido en azúcares naturales), por efecto de las levaduras del ambiente y por condiciones óptimas de temperatura y humedad, fermentaban espontáneamente produciendo etanol .

Dudley traza la senda entre el comportamiento de primates arbóreos y la evolución de los mismos hacia unas habilidades sensoriales requeridas para identificar frutas maduras y fermentadas que contienen azúcar y pequeñas cantidades de alcohol.

Estos primates tuvieron que adaptar su organismo al metabolismo de esta sustancia tóxica, pero que en dosis adecuadas les proporcionaba unos efectos más que positivos.

En primer lugar eran fácilmente localizables por su aroma (distinto y mucho más fuerte que otras frutas maduras).

En segundo lugar, esa especialización de estos organismos hacia poder metabolizar esas sustancias, impedía la competencia de aquellos animales frugívoros que no podían consumir etanol por ser venenoso para sus organismos. Así había más fruta disponible con menos competidores.

En tercer lugar, las frutas fermentadas tienen un componente calórico superior al de sus hermanas aún no “podridas”, de modo que el beneficio por su consumo en épocas de hambruna o escasez, es más que evidente.

En cuarto lugar, los efectos de contener levaduras, enzimas y otros probióticos, además del componente antiséptico del etanol, procuró una mayor salud a las poblaciones que ingerían habitualmente estas frutas y por lo tanto un mayor éxito evolutivo.

Y por último y no menos importante, esos primates aprendieron a “disfrutar” del consumo de estos frutos, dado que el etanol produce en su organismo una irresistible propiedad : les hace sentir bien. Les ayuda a segregar serotonina, dopamina y endorfinas en el cerebro, sustancias que les hacen menos estresados y más felices.

Surge así el Homo Imbibens, término acuñado por Patrick McGovern, según el cual, no es que el hombre inventara la cerveza para aprovechar excedentes de cebada y poder conservar “pan líquido” mucho más fácilmente que el grano que lo sustenta, sino que el cultivo del cereal (y por tanto el origen del hombre agricultor sedentario), se hace por y para la fabricación de cerveza.

Esto lo argumenta basado en descubrimientos arqueológicos según los cuales hace más de 11.000 años ya se fabricaba cerveza .Su opinión se basa en los hallazgos producido en Göbekli Tepe, un antiguo santuario situado en el sur de Turquía con una edad estimada de 11.600 años. En 2012, encontraron allí en una primitiva cocina unas grandes pilas de piedra con rastros de oxalato, una sustancia que se produce durante la fermentación del grano en alcohol.

El salto evolutivo desde los primates hacia los “sapiens” que dominan la producción de alcohol es lo que configura la actual civilización humana.

Hoy somos lo que somos en gran parte debido a la utilización sistemática de los fermentados alcoholicos en nuestra dieta.

Me baso para ello en un interesantísimo artículo de Andrew Curry para National Geographic  titulado “ Nuestros 9.000 años de amor con las borracheras”, según el cual, la relación de la cultura humana con el alcohol es mucho más antigua de lo que nos pensamos.

Curry sostiene que, además del descubrimiento aportado por Mc Govern en Turquía, hay evidencias de cultivos y producción de cerveza o vino,  en las montañas del Cáucaso en Georgia, hace 8.000 años.  En China hay evidencias de uso de bebidas alcoholicas hace 7.000 años. Las primeras evidencias de vino procedente de la uva, proceden de Haji Firuz, en las montañas Zagros de Irán, hace 5.500 años. Restos arqueológicos prueban que en Egipto y Mesopotamia se hacía cerveza hace 3.000 años, incluso hay evidencias de que 2.500 años antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, ya se consumía cerveza de Maíz o Chicha.

Entre medias, hay un consumo principalmente para las élites (sacerdotes y chamanes consumían esos productos para entrar en “trance” y poder estar en contacto con el más allá), y posteriormente hay una “democratización” o más bien un amansamiento de los miles de esclavos que trabajaron en obras como las pirámides de Egipto, cuya construcción no habría sido posible sin haberles dado a beber cantidades de cerveza que les evadiera de su penosa existencia.

Sin contar con el tradicional uso de las bebidas alcoholicas por parte de los ejércitos importantes de toda la historia de la humanidad como droga permitida, no solo entre batallas, sino para darles valor antes de entrar en combate, que frecuentemente acababa en muerte.

No cabe duda que el consumo (moderado o no) de alcohol, ha permitido entrar en contacto al hombre con el arte, con la divinidad, con la cultura y con la conquista, de modo que no es arriesgado decir que hemos llegado hasta aquí en buena manera por el efecto lubricante que el alcohol ha tenido en todas nuestras manifestaciones humanas.

 

COMO EL AZUCAR, EL ALCOHOL Y LA CARNE NOS AYUDARON A PASAR DE HOMINIDOS A HUMANOS

No voy a descubrir nada en este artículo de opinión. Simplemente voy a presentar las opiniones de varios científicos en una especie de relato ordenado sobre los orígenes de la alimentación humana y la influencia de tres grandes grupos de componentes alimentarios en la evolución del “Homo Sapiens”.

Sin embargo la conclusión parece contradictoria: todo lo que aparentemente nos mata, nos ha traído hoy a nuestra actualidad evolutiva como especie.

Los porqués parecen más que evidentes: el abuso de estas tres sustancias nos quitan de en medio más pronto que tarde, sin embargo, pequeñas cantidades de todas ellas, son imprescindibles para nuestra evolución como especie, tal como trataré de argumentar , basándome en el trabajo científico de grandes investigadores.

Estos tres grandes grupos (azúcares, proteínas animales y alcohol) sumados y ordenados, nos permiten una fantasía sobre por qué un grupo de primates homínidos, desarrollaron una inteligencia superior.

Por “superior” podríamos entender capaz de sentir , ordenar y reproducir comportamientos, unos innatos y otros aprendidos. Aunque lo de superior, siempre es cuestionable.

Esto me permite encadenar con  el siguiente planteamiento:

Estrategias vegetales de supervivencia: La adicción del ser humano por el Azúcar.

La primera planta con una flor nació en la corteza terrestre hace unos 130 millones de años. Los dinosaurios y otros reptiles hace unos 70 millones de años y los cálculos más optimistas, dan al “homo sapiens” una antigüedad de más o menos 1 millón de años.

Como puede verse la estrategia de supervivencia evolutiva, es mucho más eficaz en las plantas que en la mayoría de seres vivos, aunque sea porque llevan en la tierra mucho más tiempo que nosotros.

Las plantas tienen una característica que las identifica y las diferencia sobre la mayoría de seres vivos y es que no pueden moverse por si mismas. Esta obviedad ha hecho que para poder sobrevivir toda esa serie de millones de años anticipándose a otros seres vivos, venga sustentada en una serie de estrategias que pasan casi siempre por que las consecuencias aparejadas a la falta de motilidad, supongan que el trabajo lo hagan “otros” por ellas.

Por ejemplo, si el polen de una planta macho tiene que fertilizar a una flor hembra dis- tante unos metros (o unos kilómetros), la planta se aprovecha del viento para que mueva ese polen y por lo tanto mueva las células reproductoras de un lugar a otro en lugar de moverse la propia planta.

En ese sentido, parece muy inteligente que a cambio de un poco de agua azucarada y unos vistosos colores, las plantas consiguen que infinidad de especies de insectos y hasta de bellos colibríes se conviertan de facto en sus sirvientes evolutivos, dándose la magnífica paradoja de que son los seres desprovistos de sistema nervioso los que manipulan para sus propios fines reproductores a unas aves con cerebros bastante complejos.

 

La revolución agrícola puede que sea el mayor fraude de la historia. ¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron estas plantas las que domesticaron a Homo sapiens, y no al revés.

Pensemos por un momento en la revolución agrícola desde el punto de vista del trigo. Hace 10.000 años, el trigo era solo una hierba silvestre, una de muchas, confinada a una pequeña área de distribución en Oriente Próximo. De repente, al cabo de solo unos pocos milenios, crecía por todo el mundo. Según los criterios evolutivos básicos de supervivencia y reproducción, el trigo se ha convertido en una de las plantas de más éxito en la historia de la Tierra. En áreas como las Grandes Llanuras de Norteamérica, donde hace 10.000 años no crecía ni un solo tallo de trigo, en la actualidad se pueden recorrer centenares y centenares de kilómetros sin encontrar ninguna otra planta. En todo el mundo, el trigo cubre 2,25 millones de kilómetros cuadrados de la superficie del planeta, casi diez veces el tamaño de Gran Bretaña. ¿Cómo pasó esta hierba de ser insignificante a ser ubicua?

Para entender esas razones, podemos leer este artículo completo aquí.

En ese mismo sentido, la fruta de la vid, pudiera haber sido otra de las vencedoras en la carrera evolutiva habiendo conseguido que en apenas 10.000 años de revolución agrícola y en menos de 100 años de revolución enológica, sus hectáreas de cultivo se han multiplicado por millones.

Ello, en mi opinión se debe a otra de las más brillantes estrategias evolutivas de las plantas que es el haber conseguido que los mamíferos herviboros , frugívoros y omnívoros, y una gran cantidad de aves e insectos, seamos adictos a una sustancia que los científicos denominan fructosa pero que yo nombro con carácter amplio “Azúcar”.

La ciencia actual, se muestra ciertamente cauta respecto a los efectos adictivos sobre el organismo de los mamíferos de los distintos azúcares.

En mi opinión este efecto llámese adictivo, irresistible, meramente atrayente o simplemente agradable, se debe a la estrategia evolutiva de las plantas que ha conseguido que mediante nuestro gusto por lo dulce (el nuestro y el de osos, colibríes, roedores, murciélagos y un largo etc de animalitos), transportemos semillas en nuestro tubo digestivo de la fruta que hemos devorado con fruición y la depositemos unos kilómetros más allá de donde fue ingerida, convenientemente abonada, para su posterior germinación.

Es así de sencillo y tenemos marcado a fuego en nuestro ADN esta adicción por la fructosa en sentido estricto y por los azúcares en el más amplio sentido de la palabra.

No menos inteligentes parecen las estrategias de otros organismos mucho más simples que las plantas (y obviamente con menos “sistema nervioso” y por lo tanto cerebro) que han conseguido que les alimentemos, les cuidemos, les reproduzcamos y les tengamos en alta consideración, tales como las levaduras, los hongos y otros microorganismos y que son los responsables mediante sus respectivos metabolismos de la ecuación : Almidones (después azúcares)+ metabolismo (fermentación)= Alcohol (vino y otros fermentados) + CO2.

De modo que como ven , la próxima vez que hablen de la inteligencia humana y sus estrategias de supervivencia, piensen en seres más humildes, y como han progresado en la escala evolutiva.