COMO EL AZUCAR, EL ALCOHOL Y LA CARNE NOS AYUDARON A PASAR DE HOMINIDOS A HUMANOS

No voy a descubrir nada en este artículo de opinión. Simplemente voy a presentar las opiniones de varios científicos en una especie de relato ordenado sobre los orígenes de la alimentación humana y la influencia de tres grandes grupos de componentes alimentarios en la evolución del “Homo Sapiens”.

Sin embargo la conclusión parece contradictoria: todo lo que aparentemente nos mata, nos ha traído hoy a nuestra actualidad evolutiva como especie.

Los porqués parecen más que evidentes: el abuso de estas tres sustancias nos quitan de en medio más pronto que tarde, sin embargo, pequeñas cantidades de todas ellas, son imprescindibles para nuestra evolución como especie, tal como trataré de argumentar , basándome en el trabajo científico de grandes investigadores.

Estos tres grandes grupos (azúcares, proteínas animales y alcohol) sumados y ordenados, nos permiten una fantasía sobre por qué un grupo de primates homínidos, desarrollaron una inteligencia superior.

Por “superior” podríamos entender capaz de sentir , ordenar y reproducir comportamientos, unos innatos y otros aprendidos. Aunque lo de superior, siempre es cuestionable.

Esto me permite encadenar con  el siguiente planteamiento:

Estrategias vegetales de supervivencia: La adicción del ser humano por el Azúcar.

La primera planta con una flor nació en la corteza terrestre hace unos 130 millones de años. Los dinosaurios y otros reptiles hace unos 70 millones de años y los cálculos más optimistas, dan al “homo sapiens” una antigüedad de más o menos 1 millón de años.

Como puede verse la estrategia de supervivencia evolutiva, es mucho más eficaz en las plantas que en la mayoría de seres vivos, aunque sea porque llevan en la tierra mucho más tiempo que nosotros.

Las plantas tienen una característica que las identifica y las diferencia sobre la mayoría de seres vivos y es que no pueden moverse por si mismas. Esta obviedad ha hecho que para poder sobrevivir toda esa serie de millones de años anticipándose a otros seres vivos, venga sustentada en una serie de estrategias que pasan casi siempre por que las consecuencias aparejadas a la falta de motilidad, supongan que el trabajo lo hagan “otros” por ellas.

Por ejemplo, si el polen de una planta macho tiene que fertilizar a una flor hembra dis- tante unos metros (o unos kilómetros), la planta se aprovecha del viento para que mueva ese polen y por lo tanto mueva las células reproductoras de un lugar a otro en lugar de moverse la propia planta.

En ese sentido, parece muy inteligente que a cambio de un poco de agua azucarada y unos vistosos colores, las plantas consiguen que infinidad de especies de insectos y hasta de bellos colibríes se conviertan de facto en sus sirvientes evolutivos, dándose la magnífica paradoja de que son los seres desprovistos de sistema nervioso los que manipulan para sus propios fines reproductores a unas aves con cerebros bastante complejos.

 

La revolución agrícola puede que sea el mayor fraude de la historia. ¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron estas plantas las que domesticaron a Homo sapiens, y no al revés.

Pensemos por un momento en la revolución agrícola desde el punto de vista del trigo. Hace 10.000 años, el trigo era solo una hierba silvestre, una de muchas, confinada a una pequeña área de distribución en Oriente Próximo. De repente, al cabo de solo unos pocos milenios, crecía por todo el mundo. Según los criterios evolutivos básicos de supervivencia y reproducción, el trigo se ha convertido en una de las plantas de más éxito en la historia de la Tierra. En áreas como las Grandes Llanuras de Norteamérica, donde hace 10.000 años no crecía ni un solo tallo de trigo, en la actualidad se pueden recorrer centenares y centenares de kilómetros sin encontrar ninguna otra planta. En todo el mundo, el trigo cubre 2,25 millones de kilómetros cuadrados de la superficie del planeta, casi diez veces el tamaño de Gran Bretaña. ¿Cómo pasó esta hierba de ser insignificante a ser ubicua?

Para entender esas razones, podemos leer este artículo completo aquí.

En ese mismo sentido, la fruta de la vid, pudiera haber sido otra de las vencedoras en la carrera evolutiva habiendo conseguido que en apenas 10.000 años de revolución agrícola y en menos de 100 años de revolución enológica, sus hectáreas de cultivo se han multiplicado por millones.

Ello, en mi opinión se debe a otra de las más brillantes estrategias evolutivas de las plantas que es el haber conseguido que los mamíferos herviboros , frugívoros y omnívoros, y una gran cantidad de aves e insectos, seamos adictos a una sustancia que los científicos denominan fructosa pero que yo nombro con carácter amplio “Azúcar”.

La ciencia actual, se muestra ciertamente cauta respecto a los efectos adictivos sobre el organismo de los mamíferos de los distintos azúcares.

En mi opinión este efecto llámese adictivo, irresistible, meramente atrayente o simplemente agradable, se debe a la estrategia evolutiva de las plantas que ha conseguido que mediante nuestro gusto por lo dulce (el nuestro y el de osos, colibríes, roedores, murciélagos y un largo etc de animalitos), transportemos semillas en nuestro tubo digestivo de la fruta que hemos devorado con fruición y la depositemos unos kilómetros más allá de donde fue ingerida, convenientemente abonada, para su posterior germinación.

Es así de sencillo y tenemos marcado a fuego en nuestro ADN esta adicción por la fructosa en sentido estricto y por los azúcares en el más amplio sentido de la palabra.

No menos inteligentes parecen las estrategias de otros organismos mucho más simples que las plantas (y obviamente con menos “sistema nervioso” y por lo tanto cerebro) que han conseguido que les alimentemos, les cuidemos, les reproduzcamos y les tengamos en alta consideración, tales como las levaduras, los hongos y otros microorganismos y que son los responsables mediante sus respectivos metabolismos de la ecuación : Almidones (después azúcares)+ metabolismo (fermentación)= Alcohol (vino y otros fermentados) + CO2.

De modo que como ven , la próxima vez que hablen de la inteligencia humana y sus estrategias de supervivencia, piensen en seres más humildes, y como han progresado en la escala evolutiva.