COMO EL AZUCAR, EL ALCOHOL Y LA CARNE NOS AYUDARON A PASAR DE HOMINIDOS A HUMANOS (II)

Homo Fermentus

El segundo salto evolutivo, y que nos permite un salto diferenciador frente al resto de animales (mamíferos y aves principalmente) también adictos a la fructosa, es el dominio (intuitivo cuando éramos simples primates y dominado cuando nos ponemos la etiqueta de “sapiens” ) del consumo de Alcohol.

Toda esta teoría documentada de civilizaciones humanas en contacto con el alcohol, se encadena con el trabajo de Robert Dudley “The Drunken Monkey: Why We Drink and Abuse Alcohol” según el cual algunos primates desarrollaron un especial gusto por aquellas frutas que , caídas del árbol sobremaduras (es decir, con un alto contenido en azúcares naturales), por efecto de las levaduras del ambiente y por condiciones óptimas de temperatura y humedad, fermentaban espontáneamente produciendo etanol .

Dudley traza la senda entre el comportamiento de primates arbóreos y la evolución de los mismos hacia unas habilidades sensoriales requeridas para identificar frutas maduras y fermentadas que contienen azúcar y pequeñas cantidades de alcohol.

Estos primates tuvieron que adaptar su organismo al metabolismo de esta sustancia tóxica, pero que en dosis adecuadas les proporcionaba unos efectos más que positivos.

En primer lugar eran fácilmente localizables por su aroma (distinto y mucho más fuerte que otras frutas maduras).

En segundo lugar, esa especialización de estos organismos hacia poder metabolizar esas sustancias, impedía la competencia de aquellos animales frugívoros que no podían consumir etanol por ser venenoso para sus organismos. Así había más fruta disponible con menos competidores.

En tercer lugar, las frutas fermentadas tienen un componente calórico superior al de sus hermanas aún no “podridas”, de modo que el beneficio por su consumo en épocas de hambruna o escasez, es más que evidente.

En cuarto lugar, los efectos de contener levaduras, enzimas y otros probióticos, además del componente antiséptico del etanol, procuró una mayor salud a las poblaciones que ingerían habitualmente estas frutas y por lo tanto un mayor éxito evolutivo.

Y por último y no menos importante, esos primates aprendieron a “disfrutar” del consumo de estos frutos, dado que el etanol produce en su organismo una irresistible propiedad : les hace sentir bien. Les ayuda a segregar serotonina, dopamina y endorfinas en el cerebro, sustancias que les hacen menos estresados y más felices.

Surge así el Homo Imbibens, término acuñado por Patrick McGovern, según el cual, no es que el hombre inventara la cerveza para aprovechar excedentes de cebada y poder conservar “pan líquido” mucho más fácilmente que el grano que lo sustenta, sino que el cultivo del cereal (y por tanto el origen del hombre agricultor sedentario), se hace por y para la fabricación de cerveza.

Esto lo argumenta basado en descubrimientos arqueológicos según los cuales hace más de 11.000 años ya se fabricaba cerveza .Su opinión se basa en los hallazgos producido en Göbekli Tepe, un antiguo santuario situado en el sur de Turquía con una edad estimada de 11.600 años. En 2012, encontraron allí en una primitiva cocina unas grandes pilas de piedra con rastros de oxalato, una sustancia que se produce durante la fermentación del grano en alcohol.

El salto evolutivo desde los primates hacia los “sapiens” que dominan la producción de alcohol es lo que configura la actual civilización humana.

Hoy somos lo que somos en gran parte debido a la utilización sistemática de los fermentados alcoholicos en nuestra dieta.

Me baso para ello en un interesantísimo artículo de Andrew Curry para National Geographic  titulado “ Nuestros 9.000 años de amor con las borracheras”, según el cual, la relación de la cultura humana con el alcohol es mucho más antigua de lo que nos pensamos.

Curry sostiene que, además del descubrimiento aportado por Mc Govern en Turquía, hay evidencias de cultivos y producción de cerveza o vino,  en las montañas del Cáucaso en Georgia, hace 8.000 años.  En China hay evidencias de uso de bebidas alcoholicas hace 7.000 años. Las primeras evidencias de vino procedente de la uva, proceden de Haji Firuz, en las montañas Zagros de Irán, hace 5.500 años. Restos arqueológicos prueban que en Egipto y Mesopotamia se hacía cerveza hace 3.000 años, incluso hay evidencias de que 2.500 años antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, ya se consumía cerveza de Maíz o Chicha.

Entre medias, hay un consumo principalmente para las élites (sacerdotes y chamanes consumían esos productos para entrar en “trance” y poder estar en contacto con el más allá), y posteriormente hay una “democratización” o más bien un amansamiento de los miles de esclavos que trabajaron en obras como las pirámides de Egipto, cuya construcción no habría sido posible sin haberles dado a beber cantidades de cerveza que les evadiera de su penosa existencia.

Sin contar con el tradicional uso de las bebidas alcoholicas por parte de los ejércitos importantes de toda la historia de la humanidad como droga permitida, no solo entre batallas, sino para darles valor antes de entrar en combate, que frecuentemente acababa en muerte.

No cabe duda que el consumo (moderado o no) de alcohol, ha permitido entrar en contacto al hombre con el arte, con la divinidad, con la cultura y con la conquista, de modo que no es arriesgado decir que hemos llegado hasta aquí en buena manera por el efecto lubricante que el alcohol ha tenido en todas nuestras manifestaciones humanas.